Subo al autobús del colegio. Otra vez aquellos dos mayores diciéndome cosas. Me siento lo más alejada posible de ellos mientras pienso “son solo 18 minutos de ruta hasta las clases”.
Llegamos al colegio y la sensación de pesadez y cansancio ya me acompaña. Busco a la que creo que ahora mismo es mi amiga, que está junto a otros con los que me hablo, y me pongo a hablar con ella mientras hacemos la fila para subir al aula. Al resto creo que poco o nada les importo salvo para de vez en cuando propiciar algún insulto o mirada rara. Se que a algunas de ellas les parezco salvaje, se lo escucho decir, pero a una parte de mi le da igual.
Vamos al aula y mientras saco la libreta y el libro de la primera asignatura del día, preparo mi libro debajo de la mesa. Estoy leyendo “Harry Potter and the Philosopher´s Stone”, mi hermana ha traído ese libro de su verano en Reino Unido y es bastante divertido.
Cuando estoy en mi máxima concentración escucho al profesor decir mi nombre y preguntarme “¿Cómo era la raíz cuadrada de 81?” recuerdo rápido y digo “9”, cuando el profesor sabiendo que estaba distraída me dice, “Bien, bien, procure no distraerse, por favor”. Los profesores ya no me regañan aunque me dicen solo algo de pasadas. No les parece bien, pero como saco buenas notas, dicen que es normal si alguna vez me distraigo.
Bajamos al patio, toca recreo y se me ha pasado la mitad de la mañana soñando que estaba en el Callejón ese comprando cosas mágicas y que pasaban cosas maravillosas. Todos corren con sus respectivas meriendas al patio. Las chicas juegan a la comba y me miran extrañadas por ir al patio que colinda con ese. Allí están los chicos jugando a “Caballería”. Básicamente se trata de correr sin que te pille de un extremo al otro del campo, si eres pillado eres parte de la barrera y tienes que intentar pillar. Se elige al azar quien va a ser el que pille y me invitan educadamente a pensarme si no debería estar jugando a la comba. Ese día no tengo ánimos de discutir y me voy con otros que suelen hablar de Pokémon y juegan con los tazos, aunque se me hayan olvidado los míos. Mientras me voy escucho quien dice “Es una chica, esta clase de juegos no son para ellas, no sé por qué insiste siempre en jugar, siempre es igual de rara”.
Me voy con los compañeros que hablan de Pokémon. No me hacen demasiado caso, llevo mal perder tazos y encima hoy se me olvidaron los míos, así que no me dejan jugar, solo mirar. Disimulo estar con ellos, sino la psicóloga me llamará de nuevo al despacho para saber qué ocurre y no me apetece demasiado.
Volviendo a clase un compañero me empuja y me dice lo fea que soy. No le hago demasiado caso, aunque me duele más pensar que algunos de los que se ríen a veces son amables conmigo. Sigo sin entender qué está pasando, aunque ya nos empezaron a decir que es que somos adolescentes.
Escucho a una de las chicas que suelen ser amables. Está enamorada de uno de esos chicos que no son nada amables. Ha empezado últimamente a ponerse brillo de labios. Es la cosa más asquerosa que he probado nunca, como ponerse pegamento y encima se lo come una sin querer. Es horroroso.
Sigo intentando entretenerme sola. Mi “mejor amigo/novio” hace una semana que ya no quiere estar conmigo porque dice que le gusta la chica nueva. Estoy triste y dolida. A mi me da igual si se besa o no con otra, pero era el único con el que podía hablar de cualquier cosa. Lo peor es que el día que me lo insinuó me enfadé tanto que le pegué una patada de lo mal que me sentía. Creo que no me lo perdona. Yo no sé si le perdono el sentirme sola. Me he echado a llorar en mitad de clase sin darme cuenta. Creo que nadie se ha dado cuenta del todo.
Una chica de la clase en el descanso insiste en saber qué chico de la clase me gusta. Yo le digo que ninguno y entre ellas ríen. Realmente no se que interés tiene todo esto. Al poco rato se empiezan a aburrir creo y me dicen “ya va siendo hora de que madures”, a lo que respondí
Llego a casa y la palabra “rara” y la palabra “salvaje” me dan vueltas por la cabeza. En esta semana para colmo van varias veces que entre la gente de la clase ya no me tratan igual. Antes al menos eran amables, les solía ayudar con las dudas o los deberes, se solían portar bien. Ya no. Ya eso no les basta y no se por qué no hago lo que quieren que supuestamente haga. No sé por qué no me gustan los chicos aun como a ellas les gusta. No sé por qué ya no se puede jugar a correr en el recreo sin que te insulten. Me gustaría no enfadarme tanto cuando las cosas no salen como deben.
Mi madre dice que no soy rara, que es que ella me da una educación que el resto no tiene. Ya tengo ansiedad de que llegue el fin de semana. No sé si mi amiga querrá volver a quedar con lo que ha pasado. Últimamente ya no me llama tanto como antes y mi madre hará preguntas si no he hecho planes.
Me tumbo un rato en la cama del cuarto antes de que llegue mi profe particular, porque cuando llegue se que no habrá más tarde, tendré que estudiar a tope. Me siento agotada. No entiendo por qué necesito hacer tantas cosas, pero mis padres dicen que es mi deber y ya se como se ponen cuando no va bien.
¿Se puede crecer y no mejorar? ¿Se puede crecer y quedarte tú como siempre mientras el resto si lo hace? A veces pienso que yo soy la única que no he cambiado y el resto no para de hacerlo. Ya no sé a qué atenerme.
A veces sueño con que tendré un mejor amigo que aún juega, corre y salta conmigo sin que le importe nada. Que le guste jugar a los detectives o hacer deporte sin que me cuestione si lo hago bien o no. Se que no soy la mejor, pero al menos durante el deporte la gente no habla demasiado y no se me nota que me equivoco. La gente dice que es que soy demasiado brusca y que a nadie le gusta la sinceridad cuando es extrema. Yo solo no se controlar a veces lo que digo, sobre todo cuando estoy nerviosa. Ojalá fuera más como esas chicas a veces y no tan yo porque está claro que ser yo no le gusta a nadie.
Dos horas de particulares y me siento como si un tren me hubiese pasado por encima. Estoy tan cansada. Ahora me toca ducharme y ponerme el pijama y sinceramente no tengo ganas de nada. Me gustaría no tener que ir al colegio. Me gustaría no tener que ir a ese colegio, porque para estar sola en una mesa pasando frío, me quedo en casa sola sin pasar frío haciendo lo que quiera. Mañana si estoy cansada creo que fingiré que me duele la cabeza. Si, creo que lo haré. Así descanso.